Decían en Redes hace algunos días algo que muchos intuíamos: Que el cerebro humano no esta hecho para ser racional pero que, en nuestra irracionalidad, hemos intentado explicarlo todo mediante modelos racionales.
Así que es obvio que, cuanto mayor sea la oferta de productos, más fácil será elegir aquel más acorde a nuestras necesidades o que, ante dos elecciones cualesquiera, elegiremos siempre aquella que mas nos beneficie.
Sin embargo, un experimento de cata de vinos consiguió demostrar que el precio influye en nuestra percepción del placer de un producto. Al parecer el experimento fue tan simple como esto: A una serie de personas se les daban a probar dos vinos, de los cuales uno tenia el precio de (Por ejemplo) 5€ la botella mientras que la otra copa tenia un precio de 20€ la botella. Todos, sin excepción, dijeron que les parecía más buena la segunda copa. La gracia del experimento estaba en que ambas copas provenían de una misma botella.
Pero aun había otro truco. Para que nadie pudiese pensar que estaban mintiendo, se midió su actividad cerebral durante el proceso de cata y, por sorprende que parezca, la actividad cerebral relacionada con el placer aumentaba.
Evidentemente, existe una explicación subyacente a este gran absurdo. Todos nosotros (o al menos, la gran mayoría) nos hemos acostumbrado a relacionar “precio” con “calidad”, así que todos los probadores tenían expectativas de un mejor sabor en el segundo trago, así que, inconscientemente, estaban liberando dopamina y anticipándose a una sensación placentera que, si no falsa porque realmente ocurrió, fue cuanto menos, autoprovocada.
Con ello quedo patente que aquello de “la profecía autocumplida” (o “efecto Pigmalion” si se prefiere) afecta tanto negativa como positivamente, de forma que el máximo aforismo de Murphy de “Todo aquello que pueda salir mal, saldrá mal” podría transformarse en “Todo aquello que creas que puede ir mal, probablemente ira mal” y, desde luego “Todo aquello que creas que ira bien, probablemente ira mejor que si no lo creyeras”
Pero no vayamos tan deprisa como para creer que somos auténticos dueños de nuestra felicidad. Dejando a un lado la realidad, Severo Ochoa ya decía que “El amor es física y química”. Y no es una cuestión sin fundamento, pues resulta que nada, ni siquiera nosotros mismos como algunos parecen hacernos creer, tenemos un control absoluto sobre nuestro cerebro. Por poner un ejemplo, alguien con un déficit de Serotonina, Dopamina o incluso Cortisol (entre otros) no podrá evitar estar deprimido, por mucho que desease no estarlo.
Y es que las verdades no son absolutas, por lo general, nunca. Así que, por mucho que podamos “condicionar” nuestro propio estado anímico, nunca podremos “determinarlo” puesto que nuestras decisiones afectaran en una u otra dirección pero nunca podremos saber con certeza su resultado. En definitiva, nadie es feliz o infeliz siempre que quiere.
Ahora toca hablar de la parte que no hemos tocado hasta ahora: La realidad. Al parecer proliferan cada vez más ese tipo de sectas que pregonan un mensaje que podría resumirse en “Puedes hacer todo lo que te propongas”. Basan su discurso en la base neurológica demostrada de que pensar que algo va a salir bien implica que ello saldrá bien.
Sin embargo, “mejor” no significa “bueno”. Yo puedo desear algún día ser alguien relevante dentro del mundo académico y, por ejemplo, postular un nuevo modelo económico y recibir con ello el premio Nobel de Economía. Obviamente, ello no hará que me lo concedan. Si que aumentara mi motivación, lo cual debería (y digo debería porque ello no tiene porque ocurrir) igualmente aumentar mi esfuerzo y, por tanto, mis progresos, y ello me acercaría a mi deseo. Pero estar un paso mas cerca del Everest no supone haberlo escalado.
En este punto se produce una simbiosis extraña. Aquellos que hablan de ese “poder de la mente” fusionan sus creencias con un halo místico-espiritual que les sirve de base para aquellos argumentos que se escapan a cualquier verosimilitud científica que justifican gracias a un reforzado individualismo egoísta.
Todo esto se podría resumir en una frase: “Yo puedo hacerlo todo con el poder de mi mente porque la energía de dios esta en mi porque soy un ser humano, es decir, superior a cualquier otra raza, e incluso superior a otros puesto que yo conozco el camino a la felicidad”
Evidentemente, este razonamiento carece de toda lógica por el paso inexplicado (al menos, sin la ayuda de ese ser sobrenatural, que por otra parte necesita también de su propia justificación) por el cual un anticipo de dopamina inducido por una expectativa de un acontecimiento positivo se transforma en una realidad objetiva. O como decía Edison “El genio consiste en un 98% de transpiración y un 2% de inspiración”
Otra frase que destilan estas ideologías es aquella frase de “Primero yo, luego yo y después yo” que, a su vez, se justifica en “porque si yo estoy bien, quien esta a mi alrededor también estará bien” haciéndose cargo, así, a la vez, de lo peor del individualismo por el cual el bien individual supremo, la felicidad, merece cualquier precio.
Pese a ser una estupidez de renombre, cabe mencionar que, pese a que si tu estas bien ayudas a los demás a estar bien, si todo aquel que te rodea esta mal, tu no podrás evitar sentirte mal (salvo que tus niveles empáticos sean los de una piedra)
En el apartado religioso-espiritual, deben justificar ser elegidos. ¿Cómo si no iban a tener un poder tan grande? ¿Cómo si no justificar su poder frente al de los demás? Y es que pese a que las grandes religiones propugnan la solidaridad, compasión y generosidad, todo sentimiento de superioridad debe a su vez basarse en una creencia en algo superior, ya que si no el simple contraste con la realidad daría (para hacer un juego de palabras) al traste con esa idea.
Sin embargo, no pueden referirse a los dioses de las grandes religiones monoteístas por basarse estas en la colectividad frente a la subjetividad, así que deben referirse a “Dios” como algo genérico, como la energía, aquello que nos da la vida y un sinfín mas de frases que definen a un ente abstracto.
Ni siquiera podrían aceptar aquello de “Todos somos un pequeño dios” referido a que cada uno de nosotros es una posibilidad única e irrepetible puesto que ello chocaría con la concepción de que es solo uno el camino a la felicidad, y si el camino es siempre el mismo, todos deberemos ser en esencia iguales para poder recorrerlo (Y si no somos iguales, es obvio que solo los “elegidos” podrán alcanzar la felicidad).
La única duda que queda con toda esta gente es una muy simple: Si realmente puedes hacer todo lo que quieres ¿Por qué no has ganado ese premio Nobel? ¿Por qué enfermas? ¿Por qué vas a morir? ¿Por qué no eres famoso y rico?
Pero aun hay más. Porque resulta que hasta ahora todo se ha centrado en la búsqueda de la felicidad como el bien supremo, pero hay quien se atreve a asegurar que ello no es mas que una estupidez, porque como decía Umberto Eco “El que se sienta completamente feliz es un cretino” que no hace sino complementar la afirmación de Luis García Montero: “el estado de melancolía permite ser dueño de tu opinión y tu destino”. Mas incisivo fue Gustave Flaubert al escribir que "Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos"
Así que, como plantea Eric G. Wilson “¿Tiene la ignorancia que ver con la felicidad, la cual nos crea mundos planos, sin complejidades intelectuales?". Pues puede que si y puede que no. En cualquier caso, la felicidad no es algo tan sencillo como para pretender explicarse en dos patadas como muchos pretenden hacer.
Como conclusión solo puedo deciros algo: Sed racionales. Si el camino a la felicidad se encontrase en los libros o tuviese un camino definido, todos seriamos felices. Y sino recordad a Guillermo de Ockham cuando dijo que “No ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias” y si para ser feliz necesitas de libros, seguir un camino o método, creer en la existencia de un Dios etéreo y creerte superior y mejor al resto, puede que esta no sea la opción mas sencilla.
En cualquier caso, no es la correcta.
COMENTARIOS