Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí.
Claro que seguía allí. Las pesadillas no desaparecen cuando cerramos los ojos. Algunas simplemente no desaparecen, simplemente no lo hacen. Nunca. Por eso abrió los ojos y volvió a mirar a aquel dinosaurio a sus ojos, cada vez mas cerca. Quiso cerrar los ojos, no pudo, y mientras se acercaba el se apretaba contra la roca de arenisca, como intentando trepar por el, sintiendo como la tierra se rompía y resbalaba por sus manos mientras el no tenia ninguna escapatoria, solo esperaba ansioso la llegada de aquello que representaba todos sus miedos simplemente porque no tenia otra opción. Quería que acabase pronto, que fuese rápido y al mismo tiempo quería huir y destrozaba la roca de arenisca, deshaciéndola poco a poco. Y mientras esperaba los segundos se hacían eternos. Sus piernas no pudieron aguantar la presión y cayeron. Su cabeza impacto contra el suelo y entonces todo fue negro.
Poco a poco volvió a la realidad, lentamente. Pensando que quizás había sido un sueño, que quizás estaba durmiendo tranquilamente en su cama. Abrió los ojos y el sol le obligo a cerrarlos. Extendió la mano y se le lleno de Arena. Poco a poco despertaba y poco a poco sabia que no querría despertar.
Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí.