Esta segunda parte se lo dedico al rincon internacional del blog, para que si lo ven sigan entrando desde Venezuela, Argentina, Peru, Canada, Francia, Brasil, Mexico, Bolivia y USA!!! Pero evidente, se hizo realidad por el comentario de Ana (Gracias por los animos!!
Otras Caras
Salí de la habitación. Volví mi vista atrás como intentando verme junto a ella, como si la vida fuese un video en el que poder retroceder. No me vi, no la vi. Solo quedaba cruzar el marco de la puerta del camerino.
Siguiéndome a mí mismo, como si me viese en tercera persona, como si fuese otro el que andase y no yo, obedeciendo a los automatizados procesos de mi memoria, llegue hasta la puerta de mi piso. Solo entonces pude pensar en el tiempo que debía haber vagado por las calles de la ciudad.
Seguía sin ser yo. Recorría incomodo las distintas habitaciones de mi piso, pequeño, triste, vació. La angustia me invadía sin saber si comer, dormir, llorar o todo ello a la vez. Pero lo cierto es que no tenia apetito. Ni sueño, ni lagrimas.
Dominado por mi rabia en un momento saque el papel que con tanto recelo había guardado y lo queme, como si fuera el responsable de mi desasosiego, como si en él estuviesen contenidos todos mis demonios. Observe como se deshacía, como el fuego purificador del infierno lo consumía y lo transformaba en polvo y humo.
Mientras caminabas por tu habitación, de un lado a otro, zigzagueando para evitar los muebles, y de pronto presientes que toda la habitación esta ahí, inmóvil, conteniendo el aliento, observando expectante tu próximo paso, observándote a ti y a algo encima de tu mesa. Por un momento se te ocurre plantar cara, pero rectificas, las circunstancias no saben de argumentos, solo te dominan.
Te decides a acatar los deseos del momento, de la situación, del tiempo en si y te sientas frente a la mesa, cubierta de vasos, copas, platos, hojas, envoltorios, cd’s, con el ruido latente del ventilador de la computadora. Y era cierto. Allí, entre todos los objetos, estaba uno de tus signos de rebeldía. Un viejo nokia de tamaño Walkie-Talkie. Lo habías dejado allí.
Ahora es tarde para contenerse, para cabrearse, para huir o sollozar, lo tienes entre las manos, ¿Qué esperas? ¿Qué suene? Vamos, ni siquiera le diste tu numero, así que llámala. Te convences a ti mismo, buscas su nombre en la agenda. ¿Qué nombre? Ignoras a esa parte de tu conciencia y encuentras él numero. Llamas
Cuelgas. Apenas sonó una vez. No sabes su nombre. No sabes nada. Te enamoraste de su cara, del sabor de sus besos de sangre, de su bota cruzando el umbral, nada más. Odias intuir que eres un juguete en sus manos, que no puedes hacer más. Si no llamas te arrepentirás, lo sabes incluso ahora. Pero si llamas ella habrá ganado. ¿Ganado que? ¿Acaso prefieres dejarla escapar? Vamos, vuelve a marcar. Y en cuanto tu monologo interior cesa, decides llamar.
Cuelgas. Lo dejaste sonar 5 veces, las contaste todas, mientras tu corazón se aceleraba, hasta que te entro la duda. Pero vamos por favor, eso ya lo habías resuelto, ¿no? ¿A que esperas? Llama, tal vez no le dio tiempo. Mientras vas pensando una frase para empezar la conversación. Normalmente dices “Soy yo”, pero ahora tal vez no sea suficiente. Al cuerno, no vas a cambiar por ella aun sin haberla conocido. “Hola, soy yo, aquel extraño que encontraste bajo los focos” parece una buena respuesta. Si. Llamas.
Vuelves a colgar. 7 tonos esta vez. ¿Que ocurre? Ahora seguro que tuvo tiempo, no hay duda. Esta jugando contigo, ¿Lo sabes verdad? No vuelvas a llamar, eso es lo que ella quiere, no lo hagas. No haces caso. No oyes ni siquiera a tu cerebro hablándote, estas furioso, quieres hablar con ella, no sabes que pasa y entonces.. Descuelgan. “A la 1 en Dark Wishes” Cuelga. Te quedas con un pero en la boca, pero ya no hay mas dudas. Solo una: ¿Donde esta Dark Wishes?