...Y he aqui que a partir de ese momento el tiempo cambia de forma, la noche se dilata, las noches se convierten en una unica noche en la ciudad atravesada por nuestro trio ya inseparable, una unica noche que culmina en la habitacion de Irina, en una escena que debe ser de intimidad, pero tambien de exhibicion y desafio, la ceremonia de ese culto secreto y sacrificial del que Irina es al tiempo oficiante y divinidad y profanadora y victima. El relato reanuda el camino interrumpido, ahora el espacio que debe recorrer esta sobrecargado, es denso, no deja ninguna rendija al horror al vacio, entre los cortinajes de dibujos geometricos, los cojines, la atmosfera impregnada del olor de nuestros cuerpos desnudos, los senos de Irina apenas levantados sobre la flaca caja toracica, las areolas pardas que serian mas proporcionadas sobre un seno mas floreciente, el pubis estrecho y agudo en forma de triangulo isosceles (la palabra isosceles, por haberla asociado una vez al pubis de Irina, se carga para mi de sensualidad tal que no puedo pronunciarla sin castañear los dientes). Al acercarse al centro de la escena las lineas tienden a retorcerse, a volverse sinuosas como el humo del brasero donde arden los pobres aromas supervivientes de una drogueria armenia a la cual la fama usurpada de fumadero de opio le habia valido un saqueo por parte de la multitud vengadora de las buenas costumbres, a enroscarse - siempre las lineas - como la cuerda invisible que nos tiene ligados a nosotros tres, y que cuanto mas nos debatimos para soltarnos mas aprieta sus nudos clavandolos en nuestra carne...
Fragmento de "Si una noche de Invierno un Viajero" de Italo Calvino