Erase una calle vacia, aunque llena de soledad.
Pero no era la calle. Era un hombre quien la miraba. Un hombre negro, oscuro, que miraba al infinito en busca de esperanza pero solo pudo encontrar soledad. La misma soledad que encontro al principio de esa calle y que tanto le habia chocado. Le habia desconcertado, tanto como los cristales quebrados del escaparate que miraba.
Fue entonces cuando penso que la quietud y el silencio eran el tesoro que habia estado buscando, el refugio en el que quizas encontraria algo de aquella esperanza perdida.
Y desnudo, en su cama, se miro al espejo, miro la calle, y el sueño se rompio dejandole de nuevo al principio de aquella calle vacia